Bitcoin, ¿una herramienta para reducir las guerras financiadas por la inflación?

Bitcoin, con su naturaleza descentralizada, neutral y de suministro limitado, podría contribuir a disminuir los conflictos bélicos al evitar que los gobiernos financien guerras mediante la impresión de dinero y la consecuente inflación, según sostiene el autor Adam Livingston.

El escritor recordó que las dos Guerras Mundiales del siglo XX coincidieron con el auge de la banca central y la desaparición del patrón oro, lo que permitió a los Estados financiar conflictos a gran escala sin recurrir a impuestos directos visibles para la población. A su juicio, si los ciudadanos hubieran tenido que afrontar un tributo transparente para costear la guerra, difícilmente habrían dado su apoyo.

Livingston también aludió a otros episodios históricos, como el colapso de la moneda de papel en la dinastía Song (China, siglo XIII) o la hiperinflación de los Assignats en la Francia revolucionaria, como ejemplos de cómo los gobiernos recurrieron a la emisión monetaria para sostener guerras que superaban sus posibilidades. “El poder monetario es poder político. Cuando un gobierno puede crear dinero con unas teclas, obtiene la capacidad de proyectar violencia mucho más allá de lo que los ciudadanos aceptarían si el coste llegara como un impuesto directo. En otras palabras, el dinero fiduciario es el socio silencioso de toda guerra moderna”, afirmó.

Bitcoin como “dinero sólido”

La idea de separar el dinero del Estado no es nueva entre los defensores de Bitcoin, que consideran que un estándar basado en BTC podría tener un impacto transformador en la humanidad, comparable al que en su día tuvo la imprenta al debilitar estructuras de poder centralizadas.

Según esta visión, el dinero sólido es condición necesaria para el progreso humano, ya que favorece la innovación tecnológica, la cohesión social, la creatividad y la libertad individual.

El economista Saifedean Ammous, autor de The Bitcoin Standard, sostiene que tanto el oro como las monedas fiduciarias presentan defectos estructurales: el primero tiende hacia la centralización y las segundas pierden valor por la constante emisión de dinero para cubrir gasto público. Esto, asegura, equivale a un “impuesto oculto” que erosiona el poder adquisitivo de los ciudadanos y condiciona negativamente la vida familiar, el ahorro y la planificación a largo plazo.

Para Ammous, una sociedad basada en dinero inflacionario tiende a pensar en el corto plazo, mientras que un sistema sustentado en un activo sólido como Bitcoin incentivaría el ahorro, la inversión en tecnologías disruptivas y la construcción de capital civilizacional.

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