Las Stablecoins se han consolidado como una pieza central dentro de la economía de los criptoactivos, actuando como principal referencia de liquidez en los mercados on-chain. Con un volumen cercano a los 300.000 millones de dólares, este tipo de activos digitales ya mueve cantidades que en muchos casos superan las de varios sistemas de pago tradicionales.
Según datos recogidos por el banco central de Sweden, el mercado de stablecoins pasó de 4.000 millones de dólares en 2020 a 272.000 millones en octubre de 2025, impulsado principalmente por emisiones vinculadas al dólar estadounidense.
A pesar de este fuerte crecimiento, una parte significativa de ese capital no está generando actividad dentro del ecosistema. Fondos depositados en exchanges, billeteras digitales y tesorerías corporativas permanecen inmovilizados durante largos periodos.
Las estimaciones elaboradas por DeFiLlama y Glassnode apuntan a que, en numerosos entornos, más de la mitad del volumen total de stablecoins se mantiene sin uso operativo.
Esta situación refleja un desafío estructural para el sector: aunque las stablecoins han ganado peso como instrumento de liquidez y reserva temporal de valor dentro del mercado digital, una gran parte de los recursos disponibles todavía no participa activamente en préstamos, pagos, inversión o generación de rendimiento.