El mundo de las criptomonedas ha sufrido un duro golpe en materia de ciberseguridad durante los primeros seis meses de 2025, con pérdidas que ascienden a 2.245 millones de dólares, según el último informe de la firma especializada SlowMist.
Solo en el primer trimestre del año, las pérdidas alcanzaron los 1.780 millones, impulsadas en gran medida por el ataque a la billetera caliente de Bybit, que por sí solo supuso un robo de 1.500 millones de dólares, convirtiéndose en el mayor ataque del año hasta la fecha. A esto se sumaron otras brechas destacadas, como una vulnerabilidad de contrato en el protocolo Cetus que provocó pérdidas por valor de 230 millones, y un robo de datos de 100 millones sufrido por la plataforma LIBRA.
En el segundo trimestre, sin embargo, se observó una mejora significativa, con una reducción de las pérdidas a 465 millones de dólares. Según los analistas, esta caída podría deberse a una mejor implementación de medidas de seguridad en los exchanges y protocolos DeFi, aunque advierten que muchas veces los incidentes se notifican con retraso, por lo que las cifras podrían aumentar en los próximos meses.
Mejora aparente en el segundo trimestre en el ecosistema cripto
Además, se identificaron otros ataques menos conocidos pero relevantes, como el robo de 90 millones a Nobitex, la pérdida de 70 millones en UPCX bajo circunstancias aún poco claras y diversas vulnerabilidades detectadas en zkLend y Abracadabra Money.
A pesar del alivio temporal, los expertos alertan de que el ecosistema cripto sigue expuesto a riesgos sistémicos. Jordan Major, analista de mercado en Finbold, recuerda que el ataque a Bybit representa por sí solo casi dos tercios de las pérdidas totales del semestre, lo que pone de manifiesto la fragilidad del sector.
Por su parte, Diana Paluteder, también analista de Finbold, destaca que ya no se trata únicamente de errores de código: los atacantes explotan debilidades en el control de acceso, los mecanismos de gobernanza y los planes de recuperación. Ambos coinciden en que la industria debe pasar de una estrategia defensiva reactiva a una proactiva si quiere recuperar la confianza de los inversores y garantizar la seguridad a largo plazo.